Desde 1860
El camino de una congregación que, desde París hasta Colombia,
ha puesto su corazón al servicio de las madres más vulnerables.
El Comienzo
En el París del siglo XIX, miles de mujeres enfrentaban embarazos en soledad, pobreza y rechazo social. Ninguna institución las acogía. Fue en ese silencio donde nació una respuesta: la Obra San Rafael, fundada el 2 de febrero de 1861 por el Padre Amadeo Ferrand de Missol.
Su visión era radical para la época: que ninguna madre enfrentara sola su maternidad, y que cada vida naciente fuera recibida con dignidad. Lo que empezó como una pequeña casa de acogida en París se convirtió, treinta años después, en una congregación religiosa con vocación universal.
En 1891, junto a la Madre Blanca Frichot y el Padre José Dauphin, la obra se formalizó como las Hijas del Corazón Misericordioso de María — una comunidad de mujeres consagradas al servicio de las más vulnerables, inspiradas en la ternura del Corazón de María.
El Camino de Nuestra Misión
Ordenado sacerdote en Roma el 9 de enero, regresa a París donde descubre el abandono que sufren las madres jóvenes. La compasión lo impulsa a actuar.
El 2 de febrero, el Padre Amadeo abre en París la primera casa de la Obra San Rafael: un hogar para madres en situación de vulnerabilidad y sus hijos.
Tras 23 años de servicio incansable, el Padre Ferrand de Missol muere a los 78 años. La Obra continúa bajo nuevos responsables, esperando consolidarse.
Siguiendo su llamado vocacional, Blanca Frichot se une a la Obra San Rafael y entrega su vida al servicio de las madres jóvenes y los niños vulnerables.
El 17 de abril, la Madre Blanca Frichot pronuncia sus votos religiosos. Junto al Padre José Dauphin —quien organiza las constituciones— nace oficialmente la Congregación de las Hijas del Corazón Misericordioso de María.
A los 72 años, el Padre José Dauphin deja una comunidad consolidada, con constituciones sólidas y una espiritualidad viva que perdura hasta hoy.
A los 74 años, parte quien fue el corazón humano de la Congregación. Su legado de ternura, firmeza y defensa de la vida sigue vivo en cada hermana.
La Congregación abre su primer hogar en Bogotá. La misma llama encendida en París en 1860 comienza a iluminar a las madres colombianas más vulnerables.
Con presencia en Bogotá, Barranquilla, Bucaramanga, Medellín y Cali, las Hijas del Corazón Misericordioso de María continúan siendo ese lugar donde la vida encuentra acogida, dignidad y esperanza.
Nuestros Fundadores
Tres vidas entregadas al mismo ideal: que ninguna madre enfrente sola la maternidad.
"El sacerdote que soñó una obra para proteger a las madres y a sus hijos"
Nació el 26 de mayo de 1805 en Francia. Médico convertido al sacerdocio tras perder a su esposa e hijo, fue ordenado en Roma en 1856. Al descubrir el abandono de las madres jóvenes en París, fundó el 2 de febrero de 1861 la primera casa de la Obra San Rafael —semilla de lo que hoy es la Congregación. Sirvió durante 23 años hasta su muerte en 1883, a los 78 años.
"Una mujer entregada completamente a Dios y a la defensa de la vida"
Nació el 26 de octubre de 1850 en París. Su Primera Comunión en 1862 despertó un deseo radical de pertenecer sólo a Dios. En 1887 ingresó a la Obra San Rafael, y el 17 de abril de 1891 pronunció sus votos religiosos, convirtiéndose en una de las primeras religiosas de la Congregación. A pesar de guerras, epidemias y escasez, permaneció firme hasta su muerte en 1924, a los 74 años.
"El organizador espiritual de la Congregación"
Nació el 14 de septiembre de 1841 en Bretaña, Francia. Sacerdote eudista ordenado en 1866, recibió en 1891 la misión de reorganizar la Obra San Rafael. Redactó las Constituciones de la Congregación, estructuró la vida religiosa y aseguró su continuidad. Dedicó su vida a fortalecer la misión hasta su muerte en 1912, a los 72 años.
La Misión en Colombia
En 1947, la misma misión que nació en París en 1860 cruzó el Atlántico y echó raíces en Colombia. El primer hogar en Bogotá fue el comienzo de una presencia que hoy abarca seis ciudades del país.
Colombia sería un territorio especialmente fértil para el carisma fundacional: un país marcado por profundas desigualdades sociales, donde miles de madres jóvenes enfrentaban —y siguen enfrentando— embarazos en soledad, pobreza y vulnerabilidad extrema.
Más de 75 años después, la misma semilla sigue dando fruto. Cada madre que cruza la puerta de uno de nuestros hogares continúa escribiendo la historia que comenzaron el Padre Amadeo, la Madre Blanca y el Padre Dauphin.
Conoce nuestros hogaresHoy el camino continúa y la misma misión sigue viva en cada hogar,
en cada madre acompañada y en cada vida defendida.